Una vez dije que iba a decir esto, y lo dije seriamente.
Últimamente, lo he estado pensando y he llegado a la conclusión que debería
sencillamente, sin miedos ni rodeos, decir lo que tengo por decir y sacarlo de
una vez de mi cabeza. Las ideas acopladas en la mente ocupan mucho espacio y
tiempo -Si es que podemos encontrar algo de ello en la “mente”, o inclusive, en
cualquier parte del universo mismo- conveniente es, por ello, liberarnos. La
libertad, finalmente, se encuentra en este tipo de cosas, por más sencillas que
sean: Libertad de ser nosotros mismos, de pensar y de decir lo que pensamos. Es
por ello que decidí que simplemente lo diré y no voy a darle más vueltas al
asunto: Tengo algo que decir y no tengo miedo ni tiempo que perder. La vida es
corta, y, cuando menos lo esperamos, llegará la muerte y nos silenciará en la
eternidad. Nos llevaremos a la tumba las palabras que temblaban al borde de
nuestra lengua y que fueron sofocadas por simplemente no querer abrir la boca
por miedo al “que dirán” o, quizá, simplemente por creer que lo que decimos no
le importa a nadie. Con su permiso, buenas noches.
lunes, 2 de julio de 2012
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